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Discapacidad y Vicios de proyectos

 

Responsabilidad de profesionales y administradores Por la Dra y Arq Valeria Elizabeth Nerpiti (*) @nerpitivaleria

 

“Inútilmente, magnánimo Kublai, intentaré describirte la Ciudad de Zaira de los altos bastiones. Podría decirte de cuántos peldaños son sus calles en escalera, de qué tipo los arcos de sus soportales, qué chapas de Zinc cubren los techos; pero sé ya que sería como no decirte nada. No está hecha de esto la ciudad, sino de relaciones entre las medidas de su espacio y los acontecimientos de su pasado: la distancia al suelo de un farol (... )

En esta ola de recuerdos que refluye la ciudad se embebe como una esponja y se dilata. Una descripción de Zaira como es hoy debería contener todo el pasado de Zaira. Pero la ciudad no dice su pasado, lo contiene como las líneas de una mano, escrito en los ángulos de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras, en las antenas de los pararrayos, en las astas de las banderas, surcado a su vez cada segmento por raspaduras, muescas, incisiones, cañonazos”. Las Ciudades Invisibles. Las ciudades y la memoria 3. Italo Calvino

 

Cuando hablamos de discapacidad no debemos dejar de tener presente, ante todo, el concepto que la Convención Internacional de los Derechos de las Personas con Discapacidad, de jerarquía supra legal, incorporado a la normativa interna a través de la Ley 26.378, éste sostiene que: “las personas con discapacidad incluyen a aquellas que tengan deficiencias físicas, mentales, intelectuales o sensoriales a largo plazo que, al interactuar con las diversas barreras, puedan impedir su participación plena y efectiva en la sociedad, en igualdad de condiciones con las demás”.           Ahora bien, este Tratado internacional de los derechos humanos ha incorporado nuevos conceptos que se encuentran plenamente relacionados con la arquitectura, entendiéndola a ésta como la creación del hábitat en el que vivimos.                                                                                           Es así que la Convención incorpora como principio la accesibilidad y a tal fin la necesidad de realizar los ajustes razonables, realizando las modificaciones y adaptaciones necesarias y adecuadas cuando se requieran a fin de garantizar a las personas con discapacidad el goce o ejercicio en igualdad de condiciones con las demás, incluso la falta de cumplimiento podría encuadrar en un supuesto de discriminación, ya que se entiende -por discriminación por motivos de discapacidad- cualquier distinción, exclusión o restricción por motivos de discapacidad que tenga el propósito o el efecto de obstaculizar o dejar sin efecto el reconocimiento, goce o ejercicio, en igualdad de condiciones, de todos los derechos humanos y libertades fundamentales en los ámbitos político, económico, social, cultural, civil o de otro tipo. Incluye todas las formas de discriminación, entre ellas, la denegación de ajustes razonables.                                                                                                                           Asimismo, establece la Convención la necesidad de contar con un diseño universal a fin que el diseño de productos y entornos pueda ser utilizado por todas las personas en la mayor medida posible, sin necesidad de adaptaciones ni diseños especializados. Parecen claros los conceptos y hasta por momentos podrían algunos sostener que son cuestiones obvias, pero no es así.         Crear un entorno accesible es mucho más que cumplir poniendo una rampa o una plataforma elevadora, colocar puertas de 0.80 ó 0.90, hacer pasillos de 0.90 ó 1.00, en definitiva, cumplir “para que parezca”. Un entorno accesible ante todo debe comprenderse desde la necesidad del otro y diseñar –aún sin lograr una empatía absoluta-, con creatividad y originalidad, una arquitectura PARA TODOS. El hombre no es un ser perfecto y estanco, en la vida real no se usa el photoshop, en la vida real uno crece, enferma y por sobre todas las cosas no responde a un patrón de belleza ni ergonométrico ideal o del modulor vitruviano.

¿Se sentaron alguna vez en una silla de ruedas y trataron de desplazarse por un solado con adoquines?, ó ¿subir a una vereda aún por la rampa de los automóviles, pero donde el encuentro entre la rampa y la calle tiene una canaleta de más de 15 cm de ancho?, ó ¿acceder por rampas con pendientes inadecuadas haciendo recorridos escabrosos o propios de un entrenamiento olímpico?, ó ¿pensaron dónde colocar el accesorio del baño para que una persona ciega pueda encontrarlo sin tener que adivinar dónde se le habrá ocurrido colocarlo esta vez?, ó ¿cuando diseñan las cocheras piensan en el momento de ocupación total donde una persona en silla de ruedas debiera poder descender de su auto y trasladarse desde la cochera sin necesidad de tele transportación hasta su unidad funcional?, ó ¿qué sucede con los bajo escaleras abiertos que no delimitan el espacio para las personas ciegas o con baja visión?

Así podría seguir haciendo preguntas de las cuales en la mayoría de los casos las respuestas son negativas. Bellísimas e impactantes construcciones modernas incorporan materiales y diseños que hacen dificultoso y a veces riesgoso el desplazamiento por la misma. La arquitectura debe concebirse, desde el nacimiento de “la idea”, con un concepto de accesibilidad para todos. Mientras escribo este artículo, no puedo dejar de recordar las palabras de un colega cuando frente a mi pregunta si sus obras eran accesibles respondió que sí, ya que sus inversores la única accesibilidad que analizaban era la del acceso a la caja de seguridad del banco. Lo lamentable de esto es creer que “a mí, nunca me va a tocar”; “no me interesa porqué no es un tema que esté en mi vida ni en la de mi familia”; “tengo que capitalizar los M2”, etc. Si bien éste artículo está referenciado a las personas con discapacidad, muchas de las dificultades de accesibilidad se dan, también, tanto para las mujeres embarazadas como para las personas mayores ó las madres con carritos de bebé ó las personas imposibilitadas transitoriamente, con movilidad reducida, es decir que en definitiva si la pregunta que surge es ¿de cuántos estamos hablando? pues la respuesta es fácil, DE MUCHOS MAS DE LOS QUE CREEMOS. Si partiéramos de la base de contar con construcciones accesibles, no sería pues necesario realizar demasiadas adaptaciones. Por ejemplo, una familia con un miembro con discapacidad, seguramente al momento de adquirir una vivienda tiene en cuenta determinadas condicionantes para elegir una u otra propiedad, pero ¿qué sucede cuando la discapacidad es sobreviniente?, los pasillos no se ensanchan, las puertas tampoco, menos aún los radios de giro. Podrán adaptarse mesadas, accesorios, etc, y aún en el supuesto que se pensara en readaptar toda la vivienda debemos tener en cuenta que ya es suficiente tener que sobreponerse a la nueva circunstancia de la vida, como para agregarle tener que modificar toda la vivienda o mudarse. De todas formas, con esto sólo solucionamos la vivienda, pero la persona con discapacidad se traslada, tiene una vida social e independiente, etc, entonces: ¿Qué sucede cuando EL ENTORNO NO ES ACCESIBLE? NO SOLO DEBEMOS PENSAR EN UNA EDUCACION INCLUSIVA SINO EN UNA ARQUITECTURA, UNA CIUDAD INCLUSIVA.

Los compradores han comenzado a incorporar en sus decisiones una perspectiva más amplia de lo que el mercado inmobiliario ofrece, es decir, se tiende a ser más cuidadoso a la hora de elegir, incluso a requerir asesoramiento especializado al momento de comprar, aún en los casos de adquisición para renta. El usuario exige y su reclamo debe ser escuchado por los profesionales. Capítulo aparte requieren los consorcios y construcciones existentes.

En la Ciudad de Buenos Aires se ha establecido que no se requiere unanimidad para realizar obras de remodelación que estén relacionadas con la accesibilidad en el edificio, cuando en ellos habite una persona con discapacidad (Disposición Nº 4055 DGFOC), es decir que a pedido de uno de los copropietarios debiera realizarse la refacción. Ahora bien, me he referido a la Convención de los Derechos de las Personas con Discapacidad por entender que es el paraguas jurídico mayor y el cual no podemos desconocer y es aplicable a todos los casos, pero no puedo dejar de mencionar que la Ley 24.314 del año 1994, modificatoria de la Ley 22.431 derogó artículos de la Ley 13.512 de Propiedad Horizontal, estableciendo pues, que las viviendas colectivas con ascensor deben contar con un itinerario practicable por las personas con movilidad reducida, que una la edificación con la vía pública y con las dependencias de uso común. Asimismo deberán observar en su diseño y ejecución o en su remodelación, la adaptabilidad a las personas con movilidad reducida. El decreto reglamentario de la Ley 24.314, establece que resultarán responsables del cumplimiento de la norma, los profesionales que suscriban proyectos, los organismos intervinientes en la aprobación, los fabricantes de materiales que se utilicen en las obras en cuestión, los constructores que la lleven a cabo, los técnicos que las lleven a cabo, las entidades técnico – administrativas así como toda persona física o jurídica que intervenga en cualquiera de las actuaciones relacionadas con la norma. Es claro que uno de los responsables del cumplimiento de esta norma es el administrador, y expresamente la reglamentación del artículo 21 establece que los edificios existentes deberán adecuarse a lo prescripto en la ley 24.314, el cual no será superior a tres años. Plazo que está por demás cumplido sin embargo siguen existiendo construcciones que no cumplen con la norma y más aún los copropietarios presentan todo tipo de objeciones frente a la solicitud de reformas, cuando bastaría que una persona con discapacidad que quisiera visitar a un familiar no pudiera acceder para iniciar una acción de amparo contra el consorcio donde no sólo éste se vería obligado a cumplir sino que además le resultaría más costoso.                                                                     La norma hace referencia también a las construcciones nuevas, también el Código de edificación de la Ciudad de Buenos Aires ha sido modificado por Ley 962 incorporando la accesibilidad en las construcciones nuevas, sin embargo vemos a diario casos en los cuales hay falta de accesibilidad, por cuanto en las obras nuevas comienza a surgir el concepto de vicios de proyecto y la posibilidad de reclamar a quien corresponda para su adaptabilidad.                                                         Cuando hablamos de proyecto, mínimamente entendemos que el mismo es aquel contemplado en la normativa arancelaria nacional, con sus variantes en las diferentes provincias, pues el proyecto es el conjunto de elementos, gráficos y escritos que definen con precisión el carácter y finalidad de la obra y permiten ejecutarla bajo la dirección de un profesional. (Art. 46 Decreto Ley 7887/55) La doctrina y jurisprudencia argentina han admitido los vicios de proyecto, cuando el técnico competente, al que se le haya encargado el proyecto de la obra, incumpla las obligaciones que esta específica función constructiva del proceso edificatorio le exigía - C.N. Civ. Sala E, LL 1977-B-132-.

Es así que podemos encontrar como vicios de proyectos aquellos que no se ajusten al destino o finalidad con que fue creada la obra; aquellos que contravienen normas establecidas en los Códigos de Edificación, planeamiento o normativa especial aplicable; aquellos que se proyectan con materiales inapropiados para el uso, etc. Es claro que, en el caso que nos ocupa, todo aquel proyecto que no contemple las normativas de accesibilidad puede ser plausible de reproche judicial. Siendo parte el proyecto de la locación de obra, los vicios derivados de él están enmarcados en lo establecido en el artículo 1646 y 1647 del Código Civil de la Nación: “Tratándose de edificios u obras en inmuebles destinados a larga duración, recibidos por el que los encargó, el constructor es responsable por su ruina total o parcial, si ésta procede de vicio de construcción o de vicio del suelo o de mala calidad de los materiales, haya o no el constructor provisto éstos o hecho la obra en terreno del locatorio.                                                                                                                

Para que sea aplicable la responsabilidad, deberá producirse la ruina dentro de los diez años de recibida la obra y el plazo de prescripción de la acción será de un año a contar del tiempo en que se produjo aquélla. La responsabilidad que este artículo impone se extenderá indistintamente al director de la obra y al proyectista según las circunstancias, sin perjuicio de las acciones de regreso que pudieren competer. No será admisible la dispensa contractual de responsabilidad por una ruina total o parcial. Art. 1.647.

Los empresarios constructores son responsables, por la inobservancia de las disposiciones municipales o policiales, de todo daño que causen a los vecinos.” Respecto del art. 1647, debe tenerse en cuenta que durante el proceso de construcción de la obra nueva o de las remodelaciones o tareas de mantenimiento, la acera debe ser accesible y transitable sin estar invadida en su totalidad y debiendo estar debidamente señalizada para el normal desplazamiento y circulación de los transeúntes. En este grupo de vicios constructivos – el de los que afectan a la funcionalidad o habitabilidad del edificio – puede concurrir la responsabilidad del arquitecto director de la obra e incluso la del constructor. En principio, cuando el vicio constructivo tenga su origen en un defecto o insuficiencia en el proyecto, responderá el arquitecto y cuando tenga su origen en la inadecuación de los materiales, en su mala calidad o en una deficiente técnica constructiva la responsabilidad deberá ser atribuida al director de obra, al constructor e incluso al suministrador del material. Por último recordemos que en el Decreto Nacional 914/97, se impone expresamente responsabilidad a quienes suscriban los planos, dirijan las obras y las construyan.                                                     Tal vez nuestras construcciones cuenten la sociedad que éramos, pero las nuevas construcciones no pueden dejar de mostrar el cambio de paradigma al modelo social de la discapacidad.                   No aguardemos siempre la norma que sanciona o el reclamo judicial, empecemos por cambiar nosotros para que el entorno también cambie. Aceptemos la diversidad como a nosotros mismos. “Para pensar sobre el mundo de forma relativamente correcta hay que evitar a toda costa los prejuicios, es decir, las convicciones formadas de antemano sobre personas o situaciones.           Por ejemplo, que todas las mujeres pelirrojas son infieles”. (Czeslaw Milosz, Abecedario. Diccionario de una vida)

 

(*) Abogada y Arquitecta.

ESTUDIO NERPITI & ASOCIADOS                                                                                               Malabia 2151 Ciudad Autónoma de Buenos Aires Argentina CP (1425) Tel: (011) 4832 6748       Fax: (54 11) 4833 0467 E mail: info@estudionerpiti.com.ar                                                   www.estudionerpiti.com.ar

 

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