Suscripción Newsletter

 




 

 

 

 

 

 

Artículo

La resistencia Arquitectónica a los

Abuelos


Por Valeria Elizabeth Nerpiti (*)
inicio@estudionerpiti.com.ar

“... ¡Qué poco tiempo le dedicamos a los viejos! Ahora que yo también lo soy, cuántas veces en la soledad de las horas que inevitablemente acompañan a la vejez, recuerdo con dolor aquel último gesto de su mano y observo con tristeza el desamparo que traen los años, el abandono que los hombres de nuestro tiempo hacen de las personas mayores, de los padres, de los abuelos, esas personas a quienes les debemos la vida. Nuestra “avanzada” sociedad deja de lado a quienes no producen. ¡Dios mío!, ¡dejados a su soledad y a sus cavilaciones!, ¡cuánto de respeto y de gratitud hemos perdido! ¡Qué devastación han traído los tiempos sobre la vida, qué abismos se han abierto con los años, cuántas ilusiones han sido agostadas por el frío y las tormentas, por los desengaños y las muertes de tantos proyectos y seres que queríamos!...” (La resistencia, Ernesto Sábato).

Detenernos a pensar en la gente mayor, en los abuelos y en sus necesidades, es algo que la vida agitada y egoísta que llevamos hoy no nos lo permite.

En la facultad nos enseñan a diseñar viviendas para gente de una edad promedio y que perdurarán así en el tiempo, no sintiendo el funcionamiento del reloj de la vida; tampoco disminuirán, aunque sea temporalmente, sus sentidos y movimientos. O sea, aprendemos a diseñar para un prototipo que nunca crecerá.

Pero la facultad no es la única responsable, también lo es la presión económica financiera en la que vivimos donde cada peso se invierte pensando y analizando cuánto y cómo se podrá obtener el porcentaje mayor de ganancia con la misma inversión.

Los profesionales arquitectos están obligados a diseñar con las medidas mínimas necesarias para los diferentes espacios y elementos constitutivos de las viviendas, por ejemplo, las puertas tienen un ancho de 0,80 M por donde una persona en silla de ruedas o con muletas, sin importar la edad, no puede pasar sin dificultad; por lo tanto, lo único importante es obtener el mayor número de viviendas para ser vendidas en un mismo terreno.

El sistema económico no es compatible con la vida agradable y más segura que merecen nuestros mayores. La inversión en ellos, parece no ser un buen negocio ni para el Estado, ni para los inversores de este capitalismo salvaje.

Nos rodean ejemplos de países extranjeros donde se piensa, se diseña y se invierte tiempo y dinero en crear nuevos espacios, escoger el mobiliario adecuado, los colores que armoniosamente vestirán las paredes, la correcta iluminación de los locales, las actividades que los estimule física y psíquicamente para una mejor calidad de vida. Grupos de profesionales interdisciplinarios trabajan por y para los “abuelos”.

Aquí el Estado no sólo no se hace cargo de buscar profesionales que trabajen para dar vida, calidez y alegría a los centros e instituciones destinadas a albergar personas de la tercera edad, a los que, los abuelos, con justa razón y criterio no desean pasar sus días en viviendas frías de tipología hospitalaria aislados de la vida urbana; sino que además profesionales y comitentes se niegan a atender las necesidades de los mayores.

La otra cara de la moneda es que permanecen más tiempo en sus casas, las que han ocupado por años donde los recuerdos brotan de cada pared, puerta u objeto, pero estas viviendas ya no son seguras por lo que necesitan ser modificadas y acondicionadas por un profesional idóneo en la materia específica, porque basta un vicio de proyecto o construcción para que ocasione daños irreparables.

La discriminación es siempre un signo de falta de cultura, o de tener una cultura equivocada. En este caso, la discriminación de los abuelos no debe continuar esperando que algún día haya normas o reglamentación obligatoria que se deban cumplir para dedicarnos a diseñar espacios vivibles, habitables y accesibles a todos sin separarlos, porque son diferentes al prototipo.

La calidad de vida siempre debe imponerse a la inversión económica. Somos nosotros los arquitectos los responsables de crear espacios para que otros puedan vivirlos.

Nuestra avanzada sociedad, en términos de Sábato, “no deja” producir a nuestros mayores, pensando que Ella nunca lo será.

Para terminar y tratando de resolver arquitectónicamente el pensamiento de Sábato, que tal vez sea igual al de sus propios pares aunque desconocidos y no escritores, éste dice “...Es noche de verano, la luna ilumina de cuando en cuando. Avanzo hacia mi casa entre magnolias y las palmeras, entre los jazmines y las inmensas araucarias, y me detengo a observar la trama que las enredaderas han labrado sobre el frente de esta casa que es ya una ruina querida, con persianas podridas o desquiciadas; y, sin embargo, o precisamente por su vejez parecida a la mía, comprendo que no la cambiaría por ninguna mansión en el mundo ...” (La resistencia)

 

(*) Abogada y Arquitecta. Coautora de los libros “Arquitectura Legal Las Respuestas” y “Opus Jodex”.

ESTUDIO NERPITI & ASOCIADOS

Malabia 2151 Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Argentina CP (1425) Tel: (011) 15 55116682
Fax: (54 11) 4833 0467 E mail: info@estudionerpiti.com.ar

www.estudionerpiti.com.ar


Volver Artículos

 



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Valid XHTML 1.0 Transitional     Valid CSS!